miércoles 15 de febrero de 2012

Crónicas de mi mundo zombie (Parte 10)

(Advertencia al lector: esta historia maneja contenido violento y no apto para todo público, se recomienda discreción)

Día 2 (Despertar)

Desperté, como se despierta de una pesadilla, y como cuando despiertas en un lugar donde no recuerdas haberte acostado; estaba sola en medio de la cama con muchísima sed, como cuando duermes hasta muy tarde en verano, tú sabes cómo es éso, porque yo lo sé.

He decidido dejar de escribir como si pudiera perder estas cosas, las que aun sé, como si pudiera olvidarlo todo, absolutamente todo. Es muy cansado y requiere muchas palabras escribir así. Además, si eso sucede, supongo que no podré leer.

Desperté con una "terrible sensación", (sé que he oido esa frase en algún lado). Tenía sed, mi corazón latía como si estuviera muerta de miedo, podía sentir la circulación en casi cada parte de mi cuerpo y hacía mucho calor. Por fín sentía que estaba despierta.

Miré mi mano como una tonta, asombrada de poder sentir y ver lo que hacía al mismo tiempo. Y casi podía oír en mi mente el silencio de todas mis voces, como si todas estuviesen despiertas dentro de mí, mirando, esperando que me levantara.

Sólo una cosa me detenía en la cama, una "terrible sensación". Sentía que no podía levantarme de ahí hasta descubir qué había hecho, que me provocaba pensar que había hecho algo malo, "CULPA", esa es la palabra, sentía culpa, pero no sabía por qué.

Así que me quedé ahí y traté de recordar... "Qué hice ayer?", "Qué hice?"...

Recordé, primero a la anciana, el cuarto de material, la puerta, entrar a la casa...
-Irrumpí en una casa, perdóname Dios, porque irrumpí en una casa ajena-

...pero la sensación no se iba cuando comenzó este raro gusto por recordar. Los niños en el sofá, las armas, los hombres, yo incada en medio del cuarto gris... "¡Mátenla!"
-Te falté el respeto, perdóname Dios porque dije que podían matarla... no sé cómo pude decir eso-

Pero algo más dentro de mí decía que faltaba algo. Tal vez más atrás. La puerta, la calle, los autos, la señal que no pude leer, la gente en la calle... despertar.

¿Había algo antes de ese momento? Me esforcé por buscar algún recuerdo antes de ese momento, un instante, un minuto, un día; pero no pude. Cuando escuche esa voz dentro de mí "Mataste a una mujer".

...No lo recuerdo, no creo, no lo recuerdo.

Empecé a recorrer mis recuerdos, una y otra vez, pero no podía recordar nada que no recordara en ese momento, tenía las mismas dudas y los mismos espacios que el día anterior. "Tal vez antes" decía en mi mente, tal vez fué antes... tal vez fué entre la calle con nombre y la puerta ó tal vez fué después de salir... o tal vez yo maté a la señora.

"Señora", creo que ésa fué la palabra, y sentí un río de palabras en mi mente que golpearon en "mujer, corriendo hacia mí y con sangre en su boca"...

Pero éso no tenía sentido, después de todo, era un zombie, los zombies no cuentan...

Y una vez más, esa voz habló y mi mundo se rompió.
-Los zombies no existen, Eneida, mataste a una mujer-

"Los zombies no existen... mataste a una mujer"...-Perdóname Dios, maté a una mujer-...
Eneida, me llamo Eneida, no puedo creer que no lo recordaba.

¿Dónde está la niña?

miércoles 8 de febrero de 2012

Crónicas de mi mundo zombie (Parte 9)

(Advertencia al lector: esta historia maneja contenido violento y no apto para todo público, se recomienda discreción)

(Mátenla)

Mientras, en mi mente, seguía repitiendo "te ruego que me perdones", estaba casi completamente segura de que después de ese momento iría al infierno, después de todo, ésa había sido la más desesperada y menos sincera oración que haya hecho en mi vida. Imaginaba que mi oración había sido lo mismo que decir "Dios, te ruego que no me mandes al infierno por todo lo malo que he hecho y de lo que no me arrepiento".

No se si fué el silencio, pero los instantes me parecieron segundos y los segundos momentos; cuando oí el sonido de un auto, como el rechinido de llantas por querer salir muy deprisa.

"La señora" pensé, miré tan rápido que no recuerdo nada más que la puerta, a la derecha de la cama, tan brillante como el día, abierta; y una camioneta negra a toda velocidad dejando a un hombre parado en la acera. Y aún lo veo, cuando él voltea a verme, fijamente, como esperando y llevando su mano hacia un lado de su saco.

"La van a matar a ella y yo voy a morir por nada"
-¡Mátenla! ya no importa-

Ésa era mi voz, yo lo dije, dije "¡Mátenla!". Y mientras en mi mente se se escuchaban aplausos y "urras", porque ya no había necesidad de perder mi vida, mi alma se llenó de repulsión por mi misma.

Devolví mi mirada, desde donde estaba la puerta, por mi hombro izquierdo, y hasta mi derecha, donde estaba el último hombre dentro de la habitación, el único que me apuntaba. Ya no me sostenía desde la espalda, me miraba de frente, mientras sostenía casi de lado su arma, como si no tubiese intención de disparar y sonreía.

Me levanté del piso y terminé de mirar a mi derecha, hasta la puerta de nuevo y de regreso. Sólo estaba él, riéndose. No sabía cuánto asco podía sentir por ése hombre, considerando lo que yo acababa de decir.

No podía terminar de mirarlo, me parecía aún más molesto pensar que apenas podría medir 1.6 metros de altura, seguramente era el más pequeño de todos los hombres que estaban en la habitación.

"¡Pero de qué se ríe!" pensaba dentro de mí, cuando por fin tomó aliento para hablar -¿Puedo usar esto en tu contra después?-

...¿Por qué me habla como si fuéramos amigos?

Movía el arma, casi abánicándola, mientras me miraba y volvía a preguntar -¡Hey!, ¿Puedo usar ésto en tu contra?-

Caminé, delante de él, hacia la puerta y salí al baño, dándole la espalda. Aún oía su balbuceo cuando caminaba hacia la cama, la que está frente a la primera puerta. Subí rápidamente y me acerqué a la niña -Levántate y busca tus cosas, nos vamos-. La niña no tardó ni dos segundos en levantarse y fué corriendo al final del pasillo.

Me levanté, fuí al sofá, había cosas tiradas al rededor de mi mochila, un par de armas, unas pequeñas bolsas negras y algunos trapos o ropa hecha bola. Metí un arma, un par de bolsas y trapos a la mochila y metí la otra arma entre mi pantalón y la camisa, cuando vi que la niña salió sólo con un conejo de peluche del pasillo.

-No, me refería a ropa, cosas, no se, cosas importantes- Por alguna razón me había imaginado que la niña saldría con una mochila con ropa, bolsa de dormir y dulces o comida; tal vez porque la niña parecía de diez u once años, pero la niña me veía desconcertada, como si ya no supiera lo que yo decía.

Así que tomé su mano, terminé de vetirme la mochila y salimos, por la puerta.

martes 31 de enero de 2012

Crónicas de mi mundo zombie (Parte 8)

(Advertencia al lector: esta historia maneja contenido violento y no apto para todo público, se recomienda discreción)

(¿Cómo te llamas?)

...debería recordar mi nombre, no lo había pensado.

Tengo un hermano, casi puedo recordar el rostro de mi madre, mi papá es moreno... no había notado que todos mis recuerdos son sombras, que nada es claro, no hay imágenes ni voces, y no hay nombres.

Pero no puedes hacer esperar a una persona que sostiene un arma, no si quieres vivir. Así que no tenía tiempo de llorar mis recuerdos, de guardarles luto.

-Luz Elena Rodriguez Duarte- Mientras pronuciaba el nombre, pensaba "seguro, el primer nombre que venga a mi mente, debe ser el mío". Pero terminé de decirlo y no se sentía natural, no lo sentí mío, simplemente era un nombre... uno que debía recordar mientras estuviera en ese lugar.

-¿De dónde eres?-
-Soy de México... Sonora- recordé el estado, como se recuerda una canción, porque las palabras suenan bien juntas "Sonora, México", sí soy de ahí.
-¿Qué haces aquí?-
-...Necesitaba refugio- esa fué la primera respuesta que me "salió" natural, no la pensé, era simplemente así... pero no sonaba suficiente.
-Discúlpeme por favor, no quise irrumpir en su casa...- en cuanto comencé a hablar, esta vez, la anciana bajó el arma; no la soltó, pero dejó de apuntarme, la recargó en la cama y descansé.

En ese momento mi mente habló, hasta esa hora había estado sola, sin demonios del pasado, sin ángeles de conciencia, sólo la voz de mi pensamiento, y por primera vez volví a escuchar una voz dentro de mí que no era puramente yo, "cuatro frases, bajó su arma a la cuarta frase".

...¿Que importa?, ¿Por qué puede ser eso importante?... y en mi mente golpeó la imagen de los niños soltando sus piernas y bajando de la cama...¿a las cuántas frases los niños bajaron de la cama?

¿Cuántas frases dicen los zombies?... ¿serán tres?, ¿esa es la forma en que los identifican, tres frases?

Empecé a retroceder, después de todo, no había soltado el arma. Cuando estuve en el primer cuarto me voltié. El cuarto ya no estaba vacío.

Eran seis u ocho hombres, casi todos altos y delgados, un par estaban sentados a la orilla del cuarto.-¿Qué están haciendo aquí?,¡No le van a hacer daño!-

Para ese momento yo estaba muy segura de que esos hombres eran malos y no estaba dispuesta de permitirles acercarse a la mujer, así que grité -¡Ésta es su casa! y élla no me lastimó a mí por entrar, ¡ustedes no van a hacerle daño!-. La voz que salía de mí era tan débil, que se quebraba... y pensé "¿ésta es mi voz?".

Trataba de mirar a todos, movía mis manos con violencia, apúntándoles y gritaba lo más fuerte que podía, como si el sonido de mi voz pudiera infundirles temor.

Repentinamente, ya no me pude mover. Mi cabello se desarregló y mi cuerpo quedó inmóvil, casi al centro de la habitación. La primera sención que he tenido en el día... una sensación fresca al lado de mi frente, después lo ví, el cañón de un revólver.

Los hombres comenzaron a caminar hacia la habitación en la que estaba la anciana, a mis espaldas, y pensé "voy a morir".

No pretendo parecer valiente, pero mi corazón no se agitó, siguió latiendo igual, mi cuerpo no sentía estrés, ni temor. Me esforcé por caer al suelo de rodillas, no era más peligrosa en el suelo, así que esperé que me dejara caer... y lo hizo, mientras yo rogaba -déjame orar... te ruego que me dejes orar, si voy a morir quiero orar-...

-Dios, te ruego que perdones mis pecados...
Señor, Jesús, te ruego que perdones mis pecados,
creo en tí, que tú eres el hijo de Dios, te ruego que perdones mis pecados...-

Y mientras hacía esa oración sólo pensaba "¿como saber si me perdonó?, no puedo morir sin que me perdone..." y repetía en mi mente una especie de "receta" de salvación:
1)Aceptar que Jesús es el hijo de Dios
2)Aceptar que eres pecador
3)Arrepentirte genuinamente y pedir perdón por tus pecados

Pero, ¿cómo saber si estoy genuinamente arrepentida? si no siento culpa... si no me duele el corazón y mi estómago no se comprime y mis ojos no lloran.

Trataba de recordar mis pecados mientras decía -Dios, te pido que perdones mis pecados, incluso los que no recuerdo-, pero no parecía suficiente, cuando empecé a pensar que tal vez se me había terminado el tiempo.

-Perdona nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal...
amén-.

jueves 26 de enero de 2012

Crónicas de mi mundo zombie (Parte 7)

(Advertencia al lector: esta historia maneja contenido violento y no apto para todo público, se recomienda discreción)

(El reflejo en el espejo)

Sólo una idea golpeaba mi mente "Alguien lastimó a esta niña".¿Cómo?, ¿Quién? Un segundo depués me sentí tonta por preguntármelo. Esos hombres que andan por la casa, no son sus padres. Están lastimando a esta niña.

No vi ninguna herida, buscaba con cuidado en su estómago, hacia su espalda sin moverla de lugar.
Y, ¿cómo saber si no están lastimando a los demás?¿sólo a ella porque es niña? Y otro sonido salió de su boca...

-¿Qué vas a hacerme si me porto mal?- quise gritar, llorar, preguntarle qué la habían hecho; me sentí tan impotente. No soy doctora, no puedo saber si esto es lo que creo, pero tengo que sacar a esta niña de aquí.

Volví a cubrir su estómago, no necesito que piense que voy a lastimarla, que no me importa su intimidad. Pero mis manos estaban de nuevo manchadas de sangre y por un segundo, olvidé que estaba haciendo.

Sólo veía mis manos, caminé hacia la tenue luz que venía del baño, abrí la llave del agua, aunque sólo salía un delgado hilo, y comencé a tallar mis manos.

Tallando mis manos, imaginé los guantes que había arrojado la primera vez que fuí al baño, deben seguir en el camino que hay entre la cama y el baño. Recordé, la mochila, la escopeta, el sofá, deben estar en el primer sofá. Los niños, en la estancia, el espejo, no me he visto en el espejo, camisa verde, pantalón café, el letrero con un nombre que no pude leer.

No me he visto al espejo.

Tallando mis manos, en un segundo, comencé a subir mi mirada, "mira rápido" pensé.

Mi camisa se ve café, pálido, ya no es verde, doblada en las mangas hasta el codo, me queda un poco grande. Mi cabello cae casi hasta ahí, es largo, delgado y gris. Mi mirada sube hasta ver mi barbilla, soy mucho más delgada de lo que recuerdo, mi rostro se ve delgado, casi largo. Nunca he tenido rostro largo.

Mis ojos... ¿son rasgados?... no.

No puede ser, bajo mi mirada de nuevo; esa no puedo ser yo.

Vuelvo a ver mis manos, son grises, como mi cara, como si hubiese sido dibujada con un lápiz... como mi cabello.

Yo no soy blanca, ok, pero no recuerdo haber sido... soy blanca, no mucho, pero no soy gris... y mis ojos, este no es mi cuerpo.

Vuelvo a mirar, no son rasgados, no puede ser... pero sí son pequeños.

Algo se movió y ese mar de ridícula negación cesó por un momento, algo se movió en el reflejo, me pareció ver un pequeño brillo plateado a la derecha, en forma de círculo. Me detuve en ese lugar del reflejo y esperé...

Ahí está, lo veo.

Volteo hacia atrás, hay un pequeño cuarto detrás del baño, en obra negra, alcanzo a ver perfectamente que está vacío, pero al fondo hay una puerta; bueno, el marco, el dintel de la puerta y detrás es sólo un cuarto obscuro, mucho más que el resto de la casa.

Me acerco hasta la puerta, puedo ver el brillo. Hay una mujer, acostada, puedo ver lo blanco de su cabello, lo pálido de su rostro, ella no es gris. Me detengo en la puerta y ya lo entiendo, ese brillo es el cañón de un arma, esa anciana mujer me apunta desde su cama con un arma.

Me habla en un idioma que bien puede ser alemán, porque no entiendo nada.
Pero ya que ella tiene el arma...
-Perdón, no entiendo... I'm sorry, I don't...-y me interrumpe.

-¿Cómo te llamas?-

miércoles 25 de enero de 2012

Crónicas de mi mundo zombie (Parte 6)

(Advertencia al lector: esta historia maneja contenido violento y no apto para todo público, se recomienda discreción)

(Educación zombie)

No recuerdo cómo funcionó. Ni siquiera recuerdo si metí el cassete como en un nintendo o como en un VHS. En mi mano estaba el control, me imagino tomándolo del lado derecho de la tele, pero sólo lo imagino. Ya estaba sentada en el sofá, los niños en el piso, jugando con... algo café.

Cuando me di cuenta, el video había comenzado, era como una animación flash, gótica, obscura, sucia. Los cuadros se movían demasiado rápido, una voz hablaba todo el tiempo y las imágenes se cortaban, como si el tiempo no alcanzara para decirlo todo.

-Todos protestamos, el pueblo no estaba de acuerdo, pero a ellos no les interesó lo que el pueblo quería- desde ahí la voz me pareció demasiado pretenciosa-...las Organizaciones! ellos crearon a los zombies.-

El video se fué haciendo más violento, las imágenes cambiaban muy rápido, los colores eran siempre rojo, negro, blanco.

-¿Por qué? CONTROL, éllos nos controlan, ellos son más que nosotros, ellos deciden lo que hacemos, es el poder, el que les da control.-

En ese momento me sentí manupalada, claro que lo había hecho un paranóico, y la historia de los zombies tenía cada vez menos sentido. Caminaban por las calles, sin luchar, sin gritar, sin comerse a nadie; no había sangre, cuerpos, ni violencia.
Ellos parecían más bien... personas... defectuosas, como si estubieran mal programadas; eran simplemente disfuncionales. Pero tenía demasiada curiosidad por seguir mirando.

-¿Y cómo lo hicieron? De la forma más despreciable, nos usaron a nosotros-
Tuve que detenerlo, era la imagen más asquerosa que he visto, simulaba a un zombie abriéndose paso, saliendo de una mujer como si la destrozara desde dentro...

La imagen quedó congelada en la televisión, un niño tomó el control y me levanté de ahí, de alguna manera, aparecieron carícaturas en la tele antes de que alcanzara a mirar hacia atrás. Supongo que es normal, al parecer mi mente no es ágil últimamente.

Miré y ya no había nadie en el refrigerador.

No quiero volver a la calle, pero hay gente en esta casa y yo no vivo aquí. Y por alguna razón creo que si sigo con los niños, los hombres que entraron hace rato a la casa, no serán violentos conmigo, pero no lo sé.

Aún hay una niña en la cama, en la orilla, pegada a la pared. Me acerco a élla y se aleja de mí. Casi se encuentra entre la cama y la pared, sobre la base de la cama, no sobre el colchón.
-¿Cómo estas?- sólo veo temor en su rostro y alcanzo a oir "me duele" de entre sus labios cerrados. Creo que es lo primero que oigo hoy además de mi voz.

-Voy a revisarte ¿Esta bien?- comencé a tocar su cara, sus brazos, su estómago. Su blusa estaba húmeda, le descubrí el estómago y vi sangre...

Alguien lastimó a ésta niña.

martes 3 de enero de 2012

Crónicas de mi mundo zombie (Parte 5)

(Intrusa)

Decidí hablar en voz baja, como si estuvieran dormidos.
-Hola, ¿Cómo están?- Jamás habrías visto un temor tan sobrio. Ninguno de ellos se movió, parecía que esperaban que no los hubiese visto aún.

Me dirigía hacia éllos con la voz más suave y dulce que podía salir de mí.
-How are you?- Caras redondas y obscuras, sólo resalta lo blanco de sus ojos... y un niño parpadea.

-Todo va a estar bien... everything is gonna be OK- y se rompió el silencio.

Como si yo ya no estubiera allí, los niños soltaron sus piernas, un par se paró de la cama y un pequeño niño a mi derecha se estira para apuntar hacia la puerta; y pronuncia un sonido hueco, mudo, que no logro escuchar, mientras un ensordecedor resplandor inunda la casa.

No era luz común, que vuelve todo más claro y más brillante, era una pared blanca que cubría todo; me sentí ciega, ahogada, voltié hacia la puerta y sólo se veía esa gruesa tela blanca y la marca obscura de la sombra de 2 hombres, más altos y casi tan anchos como la puerta. Sabía que no había cerrado bien la puerta.

Quise cubrir a los niños con mis brazos, como si fueran mios, pero algo me recordó que yo era una extraña en ese lugar; los niños ya se habían levantado de la cama y comenzaron a andar como si ya hubiese pasado el peligro. Ya no había temor en sus rostros, la única intrusa en esa casa era yo.

Los seguí como si me hubiera enamorado de sus siluetas, pequeñas y delgadas. No podía dejar de verlos, acercándose a un segundo sofá del que no me había percatado, a la derecha de la puerta, frente a un mueble parecido a un librero, en el que estaba un televisor.

Otros dos hombres entraron y cerraron la puerta tras de sí, aun segados por la luz exterior, no notaron que yo estaba adentro, con los niños. Parece que de nuevo soy invisible, aunque esta vez es obvio que no durará mucho.

Esta vez la casa no es una penumbra total, el foco del Refrigerador alumbra el fondo del pasillo, la televisión alumbra esta pequeña estancia donde están los niños y mis ojos se están acostumbrando a la poca luz.

Todo parece tan normal y tan pacífico, aunque en la televisión no se ve nada, es como si no existiera señal alguna, un niño me jala hacia el frente, como si quisiera que yo pusiera algo para ver. Me acerco al televisor, sobre el aparato hay un pequeño dispositivo, y una caja encima, un poco más grande que un cassete de nintendo. No es un VHS, es como un pequeño cassete. Lo metí en el aparato y comienzó el video más extraño que haya visto en mi vida... o que recuerde.

viernes 27 de mayo de 2011

Crónicas de mi mundo zombie (Parte 4)

(Refugio)

No recuerdo cómo, de verdad no lo recuerdo, pero ya estaba dentro de una casa.

Recuerdo que miré a la izquierda y ví una calle con nombre, creo que hasta lo dije en voz alta, como si quisiera convencerme a mi misma "una calle con nombre, debo vivir en una calle con nombre". Lo siguiente que recuerdo es que estaba frente a la puerta de una casa, decidiendo si debía volar la chapa(una sencilla chapa plateada).

Aún estaba pensando que talvés, tras de esa puerta, se escondía una caja de pandora, o que al dispararle a la chapa le daría a algún inocente adentro, cuando me dí cuenta, de que miraba mi sombra del otro lado del dintel.

Apenas alcancé a ver mi alrededor, un sofá al frente, un pasillo a la derecha, un cuarto de baño al fondo, cuando terminó de cerrarse la puerta tras de mi; supongo que la cerré yo, pero la verdad es que no lo sé. Todo se complica cuando te mueves sin sentirlo, es como ver el telvisor, como imaginar que haces las cosas que ves a tu alrededor.

Corrí al sofá, apenas me senté y me desmonté una enorme mochila de la espalda. Mientras caminaba hacia el baño, para lavarme la sangre, volví a ver mis manos, no había notado que traía guantes, ni siquiera había notado que cargaba una enorme mochila en la espalda. Me los arranqué de las manos, como si fueran lo más inmundo que pudiera tocar, ni siquiera ví dónde cayeron y llegué al baño.

Comencé a tallar mis manos, el cuarto parecía estar en obra negra, sin pintura, gris. El lavamanos era viejo, pequeño y, creo que era azul. Sobre el lavamanos un espejo, bastante grande, si me hubiese parado sobre el lavamanos hubiese visto mi cuerpo entero, pero no lo hice, ni siquiera subí la mirada.

Apenas y alcanzaba a ver mis manos, creo que afuera el día es demasiado brillante, parecía estar nublado, porque el cielo se veía blanco pero ahora dentro, podrías pensar que era porque adentro estaba obscuro, pero en el baño había un pequeño resplandor blanco que venía del techo, como si huibiera un tragaluz sucio en ese cuarto, de ese pequeño resplandor dependía para ver la orilla de todo lo demás en esa casa.

Cerré la llave del agua, de cualquier forma no salía mas que un delgado hilo de agua y salí. Miré que detrás del sofá donde me había sentado había una cama y fuí a recostarme, mientras pensaba si la puerta de la casa estaba bien cerrada (seguramente no lo estaba). Subí a la cama a "gatas" y mis ojos se abrieron, como si antes de ese momento no hubiese estado viendo, había niños en la cama, como ocho niños, aterrados, a la orilla de la cama, en la cabecera, aferrados a sus rodillas, con la cabeza en la pared, viéndome como si yo fuese el mismo diablo, en su casa, sobre su cama.